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¿Por qué algunos expertos señalan que una vacuna contra el coronavirus será de poca utilidad?

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Típicamente se requiere de unos 10 años para que una vacuna complete las tres fases consecutivas de la investigación clínica. Esto se debe al alcance y la duración de los experimentos, la necesidad de evaluar críticamente los resultados en cada etapa y las montañas de papeleo que están involucrados.

Si bien se ha insinuado –incluso asegurado– que en 12 meses o menos se puede tener una vacuna para evitar la infección por el coronavirus SARS-CoV-2, agente causal de la enfermedad COVID-19, existe la opinión de que es probable que no pueda ponerse a disposición del público a tiempo una vacuna segura y eficaz para marcar una diferencia sustancial en el resultado natural de esta pandemia.

Demasiado tarde

Las vacunas son una forma efectiva para que una población logre lo que se conoce como “inmunidad de rebaño”. Este es el concepto de que la pandemia terminará una vez que aproximadamente entre el 60 y el 70 por ciento de las personas se vuelvan inmunes al SARS-CoV-2.

Una alternativa es dejar que el SARS-CoV-2 siga su curso natural hasta que se logre la inmunidad de rebaño. Considerando el distanciamiento físico, algunos epidemiólogos sostienen que esto podría tomar alrededor de dos años, durante los cuales se podría desarrollar una vacuna.

Algunos expertos señalan que es probable que no pueda ponerse a disposición del público a tiempo una vacuna segura y eficaz para marcar una diferencia sustancial en el resultado de la pandemia.

Sin embargo, vacunar en el extremo final de una pandemia cuando la incidencia de la enfermedad es muy baja y está disminuyendo puede ser de poca utilidad, de ahí la carrera por desarrollar una vacuna para el COVID-19. Si no se utiliza de forma generalizada en la primera mitad de 2021, probablemente será demasiado tarde para tener un impacto significativo en el control de COVID-19.

Muchas de las tecnologías de vacunas que pueden llegar más fácilmente al frente no son necesariamente las de mejor calidad. La forma más fácil de hacer una vacuna es inactivar el patógeno o utilizar trozos de él, y mezclarlos con un coadyuvante, que le dice al sistema inmunológico que el patógeno es peligroso y generar una respuesta inmune.

Datos sólidos

Sin embargo, un virus inactivado o sus componentes no se comportan como el virus vivo, por lo que el sistema inmunológico a veces responde a estas vacunas de manera ineficaz o incluso peligrosa. Por ejemplo, nunca se ha aprobado una vacuna basada en el material genético, conocido como ácido ribonucleico o ARN, de un virus como el SARS-CoV-2.

Algunas vacunas están pasando rápidamente por el sistema regulador antes de que se completen los estudios y con mínimos detalles de los resultados experimentales que se publican. Los ejecutivos de una gran empresa farmacéutica cuya vacuna está entre las más cercanas a la línea de meta vendieron recientemente sus existencias después de publicar “resultados positivos” que fueron superficiales, parciales y que se basaron en la observación de solo ocho jóvenes voluntarios.

Si no se utiliza de forma generalizada en la primera mitad de 2021, probablemente será demasiado tarde para tener un impacto significativo en el control de COVID-19.

Eventos como este están causando que el público se vuelva escéptico. Una vacuna prometedora debería tener datos sólidos que la respalden. Aquellos que promocionan vacunas contra COVID-19 que están en ensayos clínicos deben proporcionar detalles y resultados completos de sus estudios.

Esto permite evaluaciones objetivas y rigurosas por parte de la comunidad científica en general. La falta de una completa transparencia sería motivo de preocupación.

Suponiendo que una vacuna tenga éxito en los ensayos, es necesario que se fabrique en cantidades masivas a un precio asequible, que se someta a pruebas de control de calidad y que se distribuya en todo el mundo. Incluso si estos pasos pudieran superarse a una velocidad nunca antes vista, es necesario preguntarse si hasta el 70 por ciento de la población mundial puede recibir la vacuna mientras aún sea útil.

Teniendo en cuenta estas realidades es necesario que el desarrollo de una vacuna para combatir el coronavirus tome un enfoque más cauteloso, de modo que se esfume el pesimismo acerca de que las vacunas que actualmente se encuentran en ensayos clínicos estén listas a tiempo.

Referencias:

When Will a Coronavirus Vaccine Be Ready? Good Housekeeping, 2020. https://bit.ly/3eLum3x

Will a COVID-19 vaccine arrive by 2021? Health tech leaders are skeptical. Fast Company, 2020. https://bit.ly/3jpQioC

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